miércoles, 13 de noviembre de 2019

SEMANA XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO C-2019


OS ILUMINARÁ UN SOL DE JUSTICIA



El Señor quiere que vivamos conscientes de nuestra condición de finitud, de temporalidad, y por ello nos invita a que vivamos atentos y con provisionalidad en este mundo. Nuestra tentación es vivir nuestra existencia como si nuestra permanencia terrena fuera para siempre. Pero los que honran al Señor los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas.

Viene el día para los arrogantes, para los soberbios, para los que creen burlar a Dios, para los que han desvirtuado la conciencia del bien y el mal, de los que han comido del fruto del pecado que es sobrepasar a Dios, que es pensar que podemos  pasar por encima de nuestro Creador, pues si, les llega el día del juicio, donde se levantara un sol de justicia, donde podrán ir todos los despreciados de esta tierra, aquellos que han sufrido los tormentos de la injusticia de una humanidad que vive sin Dios y al margen por lo tanto de la Verdad plena.

Es el juicio de Dios que acabará con aquellos que pensaron esquivar a Dios, y su condición humana, ¡que equivocados! ¿Quién puede huir de Dios? ¿Quién quedará al margen del Único que es justo?

Y para ello trabajemos con ahínco, con interés, miremos nuestra vida, y pensemos si nos merecemos los dones divinos, si trabajamos con ganas, si cumplimos la misión que el Señor nos ha encomendado a cada uno de nosotros. Sí, dejemos la soberbia, el orgullo, la pereza, huyamos de lo fácil, de lo cómodo, no queramos ir por el atajo que nos propone el demonio, que nos ofrece grandes cosas, grandes promesas de una manera sencilla, pero que lleva al final a la condena de nuestra alma, nos dice la Escritura; “el que no trabaja que no coma”. Porque muchos quieren vivir abusando de los demás, con pereza y maldad, aprovechándose y rechazando todo tipo de responsabilidad.

Todos nuestros ídolos, nuestros dioses quedarán destruidos, nuestros falsos altares, aquellos que dábamos culto caerán como gigantes de barro. Llegará el día de la persecución, de la humillación, de la venida del vengador, de Satanás que vendrá en forma de autoridad terrena a destruir la Venida del Reino de Dios, pero vosotros, los elegidos, manteneros firmes, alzad la cabeza, que llega el tiempo de la liberación.

El Señor nos marcara la senda para caminar en el caos de la humanidad, que sucumbirá ahogada como en los días del diluvio, pero que no podrá contra los Hijos de la Luz, es la venida de la gran tribulación, de la redención y de la salvación.

Javier Abad Chismol

viernes, 8 de noviembre de 2019

SEMANA XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO C-2019


NUESTRO DIOS ES DE VIVOS NO DE MUERTOS




Debemos estar dispuesto a perderlo todo antes que la fe en el Señor, quien cumple los mandatos divinos todo lo encuentra vanidad y desprecio comparado con la grandeza de ser hijos de Dios y reconocerlo como Padre.

Los poderes de este mundo, el poder terrenal junto con los hijos de las tinieblas quieren poner a prueba a Dios, como hizo el diablo cuando tentó a Jesucristo en las tentaciones, también lo hace con sus seguidores, con aquellos que están dispuesto a perderlo todo antes que a Dios.

En el libro  de los Macabeos se les quieren quitar la vida o renunciar a Dios, y al igual que los mártires se debe estar dispuesto a perder incluso la vida, porque nuestro Dios es de vivos y no de muertos, porque él nos dará la resurrección y la verdadera vida, la que no se marchita y se pierde.

San Pablo nos anima a seguir adelante a pesar de las dificultades que podamos encontrar en el camino, también para vernos librados de los hombres malvados y perversos que quieren corromper la fe, disuadir a los hombres y mujeres que siguen a Jesucristo, y lo hacen incluso llegando a las últimas consecuencias como el asesinato y la tortura. Pero también sabemos que el Señor nos dará las fuerzas necesarias para seguir adelante sin desfallecer.

Cuando hablamos de la resurrección no podemos pensar como los hombres, no es una vida nueva similar a esta como si fuera una especie de reencarnación, es algo mucho mayor que nos desborda. En la resurrección no tiene importancia la  imagen, la fama, el poder, los bienes, lo que tiene importancia es la trascendencia. Porque el Señor transformará nuestra vida pobre, nuestro cuerpo débil y frágil en el Cuerpo glorioso de Cristo, esa es nuestra fe y esa es nuestra llamada.

Javier Abad Chismol

miércoles, 23 de octubre de 2019

SEMANA XXX DEL TIEMPO ORDINARIO C-2019


FUI LIBRADO DE LA BOCA DEL LEÓN


El Señor escucha al afligido, Él nunca abandona al pobre, al que sufre las injusticias de este mundo, aquel que es víctima de los egoísmos humanos. Nuestro corazón no puede vivir sin Dios, no puede dejar de cumplir los mandamientos, si lo hace se destruye, porque renuncia a su condición de ser Hijo de Dios y por lo tanto renuncia al verdadero amor, y se queda con los sucedáneos que nos ofrece el mundo.
Nuestro Padre quiere la justicia, nos manda las leyes que permiten que nuestra sociedad sea justa, es la invocación al Señor que nos escucha, que nos saca de las maldades de este mundo, y si no nos puede sacar, hace que podamos contemplarle desde este valle de lágrimas y alcancemos la plenitud en el sufrimiento y la persecución, solo Él puede dar sentido al sin sentido.
San Pablo se siente angustiado por la persecución, siente que su vida es como una carrera que llega a su fin, porque sus enemigos le están acorralando, es la carrera de la vida cuya corona es el martirio. Pablo ora, como el pobre, suplica como el orante, pide perdón por sí mismo y por sus perseguidores, para que Dios se apiade del ignorante sin escrúpulos que ha caído en manos de la soberbia al eliminar al único Dios, para convertirse en un dios menor, y por lo tanto ser esclavo del pecado y caer en la maldad.
Que nuestra oración sea pura y auténtica, cuanto más cerca estemos de Dios Padre más conscientes seremos de nuestro pecado y de todo lo que nos queda aún por vivir en esta vida, no como el fariseo de la parábola que se sentía perfecto en todo y miraba a los otros por debajo del hombre, en cambio el publicano era humilde al reconocer su pecado y la necesidad del amor y del perdón de Dios.
Vivimos en la sociedad del maquillaje, de la soberbia que esconde el pecado, el mal y las intenciones oscuras, pidamos al Señor un corazón puro, humilde y sencillo, capaz de perdonar, de amar, de reconocer la culpa, sabiendo que Él nunca desprecia un corazón pobre y humillado.
ACOGE A TU SIERVO SEÑOR
Javier Abad Chismol
Párroco