martes, 30 de octubre de 2018

XXXI Domingo Ordinario (B-2018)

¿CUAL ES EL MANDAMIENTO MÁS IMPORTANTE?


La vida de la persona aumenta desde la honradez y el cumplimiento de los preceptos, una forma de alargar nuestros días y llegar hasta la vida eterna. Es practicar aquello que te hace feliz, si al cumplir los mandatos de Dios no te hace feliz y te reprime, es que aun no has tenido encuentro personal con el Señor. Ser creyente, ser cristiano no es simplemente serlo por costumbre o por tradición, tiene que haber experiencia de encuentro. En esto consiste el amor de Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma.

Cristo, como Sumo Sacerdote, el que nos convenía y era necesario para la humanidad; santo, inocente, apartado de los pecados, y llevado a los cielos. A los creyentes nos cuesta entender esto, ese valor de entrega, de oblación, de sacrificio, de gratuidad, pero ahí está la grandeza y el poder de Dios, que quiso que fuera así para la salvación de  todos los hombres, la muerte de un justo por el pecado y la avaricia del hombre.

Tenemos que volver al Señor, saber distinguir el pecado, el bien y el mal, y saber siempre en nuestro corazón que es lo más importante, y que Dios siempre debe ocupar el lugar fundamental en nuestras vidas. Ante esta pregunta de los escribas a Jesús, de ¿cuál era el mandamiento fundamental?, lo primero que le dice Jesús es que escuchen, si no escuchamos no podemos obedecer y descubrir la voluntad de Dios, y les recalca de nuevo, como si no lo supieran, porque a  veces preferimos omitir o desviar el pecado. Amar a Dios con toda nuestra fuerza, amar a nuestro prójimo a nuestros semejantes, y amarnos y respetarnos a nosotros mismos.

Esforcémonos por centrar nuestra vida ante Dios y en los preceptos y de esta manera encontraremos sentido a lo que vivimos, y aunque nos falten respuestas seremos capaces de seguir adelante, de no desfallecer en el camino de la vida, y seguiremos como modelo los pasos de Jesús, que vino a salvarnos y a redimirnos.

Javier Abad Chismol
Párroco

domingo, 28 de octubre de 2018

Semana XXX del Tiempo Ordinario (B-2018)


EL CIEGO BARTIMEO


EL SEÑOR CONSUELA A SU PUEBLO



El Señor viene a redimirnos y darnos el consuelo ante el duro combate de la vida, no nos puede librar del sufrimiento, de la lucha, pero si puede ayudarnos a sobrellevar las cargas de la vida, convirtiendo la lucha en esperanza y en consuelo.

El profeta nos anuncia un nuevo Éxodo, que salgamos de nosotros mismos, del absurdo en que muchas veces nos encontramos, para mirar hacia donde hay que mirar, a caminar  hacia la plenitud y la salvación, somos y debemos ser hombres y mujeres nuevos cuando descubramos el sentido de nuestro vivir y de nuestro existir.

Para ello Dios Padre ha escogido a hombres, a profetas, a sacerdotes para que orienten al Pueblo de Dios, se convierte en parte de la Iglesia en camino, peregrinante que camina unida para descubrir la esencia de cada uno de nosotros, que aspira a la salvación pero que se unifica en todos nuestros hermanos, caminar unidos siendo únicos a los ojos de Dios, nos salvamos salvando, nos salvamos reconociendo al Salvador y llevándolo a conocer a todos nuestros hermanos.

El sacerdote se convierte en el mediador, entre Dios y los hombres, no porque sea mejor, sino porque ha sido escogido y llamado por el Señor para cumplir una misión concreta, la invocación al Espíritu y su sacrificio, siendo pecador como otros para poder apiadarse de todas las debilidades humanas.

Tenemos que ser como el ciego que quería ver, que quería tocar a Jesús, que sabía que solo él podría devolverle la vista, clama compasión, se reconoce débil y ciego, el Señor se apiada y le recobra la vista, no por "buenismo", lo hace por la fe que es la que salva y la que nos redime.

Javier Abad  Chismol

miércoles, 17 de octubre de 2018

XXIX domingo del Tiempo Ordinario (B-2018)


EL SEÑOR VINO PARA SERVIR


El Señor nos invita a reflexionar sobra la humildad y la sencillez, a que seamos capaces de ser sencillos como palomas, pero a su vez seamos astutos. La sencillez, el servicio, la entrega, la disposición, no es lo mismo que el “buenismo”, es ser capaces de aceptar y cumplir la voluntad de Dios, que significa muchas veces no hacer tanto lo que se quiere como lo que se debe.

Es la experiencia del profeta, del hombre de Dios, que se hace violencia, porque el cumplimiento del envió puede llevar a la persecución, a la injusticia, e incluso a perder la vida por el anuncio de la verdad que debe ser dada a los hombres.

Soportar las culpas de los demás, cargar con las culpas es un sacrificio que debe hacer aquel que siga al Señor, ¿Por qué el bien engendra el mal? ¿Por qué la verdad es abatida por la mentira? Es la fuerza del mal y del pecado, es la soberbia del hombre que hace un pulso a Dios, se puede incluso en nombre del mismo Dios matar, mentir, destruir, recordemos que Jesús fue acusado de blasfemo.

Defendamos la verdad, aunque signifique romper estructuras, o salir de nuestra comodidad, dejar de ser espectadores para ser actores, que no nos importe ensuciarnos por la verdad ¿queremos ser más que el maestro? No pensemos que Jesús no fue un buen diplomático y nosotros en cambio sí.

El hombre de Dios no puede renunciar a sus principios para ser aceptado por el mundo, debe anunciar y denunciar desde la prudencia pero no desde la negación de los principios del Evangelio.

Aprendamos de la humildad y del servicio que da el Señor por todos nosotros, las preguntas de los discípulos por ser los primeros, por recibir el premio de seguir al Señor.

Jesús habla muy claro, hay que estar dispuestos a ser los últimos, de no quererse poner en los primeros lugares, de evitar figurar y que se reconozcan públicamente los méritos.

La verdadera obediencia, lleva al servicio, lleva a la entrega, no a las peleas por los puestos, servir y renunciar, el Señor llegó al máximo de esta expresión y dio la vida por todos, murió siendo inocente, y lo hizo por los pecados del mundo, es la contemplación del misterio de la cruz, incomprensible para el ser humano que vive sin Dios o al margen de este. ¿Era necesario ese sufrimiento? ¿Por qué ese castigo? Fue el precio que pago por la maldad del hombre, una maldad que sigue existiendo, que se viste de bondad, de justicia y de verdad, pero lo que hace es aniquilar la fuerza del único Dios verdadero.

Javier Abad Chismol
Párroco de San Miguel Arcangel

jueves, 11 de octubre de 2018

Semana XXVIII del Tiempo Ordinario (B-2018)


PRUDENCIA, SABIDURÍA Y DIVINA PROVIDENCIA



¿Qué es lo que el hombre añora, que es lo que desea? Si hiciéramos esa pregunta la respuesta sería bastante sencilla, muchos pedirían tener más riqueza, que les tocara la lotería, que todo les fuera muy bien a sus seres queridos, pero ¿alguno pediría sabiduría y prudencia? Pocos, solo aquellos que han conseguido despegarse de los bienes perversos de este mundo, aquellos que miran al Señor y saben de verdad y de corazón donde se encuentran las esencias de las cosas, donde hay que poner de verdad el corazón.

Debemos añorar la sabiduría que viene de los alto, la que nos da Dios para discernir las cosas verdaderamente necesarias de nuestra vida, luz para saber dónde se encuentra el camino que nos lleva a la verdadera sabiduría.

Para ello tenemos la Palabra de Dios que es viva y eficaz, que hace despertar de nosotros mismo lo que sentimos en nuestro corazón, lo que nos hace ser verdaderamente libres, ¿creemos que la Palabra de Dios puede cambiar nuestras vidas? No es letra muerta, es palabra transformadora, pude hacer sacar de cada uno de nosotros lo mejor que tenemos dentro, la autenticidad, nuestros ser Hijos de Dios, sabemos que somos capaces de lo mejor y de lo peor, hagamos pues que la Palabra actué, que nos haga prudentes, sabios y sensatos, que nos libere de las ataduras de este mundo y que pongamos nuestro corazón en lo que es verdaderamente importante.

Hoy le preguntamos a Jesús como alcanzar la vida eterna, como salvar nuestra alma, y nos dice que cumplamos los mandamientos, pero nos dice algo mucho más importante, no pongamos nuestros ojos en la riqueza, no puede ser compatible, nuestro corazón no puede estar dividido, en primer lugar debe estar el Señor y todo lo demás se nos dará por añadidura.

Tenemos que ser libres para optar por la verdad y por la sabiduría, y para ello tenemos no solo que cumplir los Mandamientos de la Ley de Dios, también tenemos que desprendernos de los apegos de este mundo, teniendo lo necesario para vivir, pero nunca dando un exceso de importancia a los bienes terrenos, hechos para nuestra realización, pero como instrumentos y no como fines en sí mismos. Ser sabios es saborear la verdad, y la verdad nos hace libres.

Javier Abad Chismol

sábado, 6 de octubre de 2018

VIDEO DE SAN MIGUEL Y VIRGEN DE LA CABEZA 2018




XXVII Domingo Ordinario, 2018

TODO CREADO POR AMOR Y PARA LA 

SANTIDAD





Dios crea todo por amor, la creación nos es algo desordenado, no es un caos, hay una armonía en todo lo creado, pero toda la creación solo tiene sentido cuando se pode a Dios en el centro de todo.

Crea toda la naturaleza, los animales, y crea al hombre a imagen  y semejanza suya, y le da poder para usar todo lo creado, convirtiendo al hombre en el centro de la creación, y todo es creado por amor y para el amor. Quizás el exceso de libertad, la inteligencia, hace creer al hombre que puede superar a su creador, que puede ignorarlo o incluso sobrepasarle, he ahí el gran error de soberbia del hombre, ¡sin Dios no podemos nada! ¡Con Dios lo podemos todo! Nuestro creador nos hace grandes, alejarnos de él es la tentación a la infidelidad y sí que nos lleva al caos y al desorden.

La armonía  de la Creación nos lleva a Dios, nos lleva a la santidad, la santidad es lo que todos tenemos que llegar a alcanzar, que es algo tan sencillo como realizar aquello para lo que hemos sido creados, es decir, desarrollar nuestra vocación, y eso se revela por gracia de Dios y en la escucha de la Palabra y la oración.

Por eso cuanto más lejos estamos de Dios, de nuestro Creador, más nos cuesta encontrar nuestro lugar en el mundo, y se produce una sensación de vacío, que se intentan llenar con todo tipo de cosas y de sentimientos.

Aunque parezca una contradicción el sufrimiento lleva a la salvación y la santidad, un sufrimiento y un esfuerzo que siempre se revela el ser humano, e incluso le lleva al enfado o no aceptación de Dios, de nada le sirve al hombre enfrentarse con su propio naturaleza, por más que en su inteligencia quiera llenarse de demagogia y así convertirse en su propio dueño y creador.

Los fariseos siempre intentaban poner trampas a Jesús para poder atraparle con sus palabras, y hacen un juego de palabras con la Ley de Moisés, todo con respecto a el divorcio del hombre y la mujer, y cuando era lícito separarse.

Jesús llama a la unidad, y a mantener una misma fe, a la importancia del amor y la mujer, y hoy para nosotros dar una clara relevancia al valor de la familia, del amor a los hijos, de la entrega, de la generosidad, del respeto de unos hacia otros y algo muy importante la fidelidad, para que de esta manera se plasme el amor de Dios.

Javier Abad Chismol

DOMINGO XXVI del Tiempo Ordinario (B-201



PODER PARA EXPULSAR DEMONIOS
¡OJALÁ TODO EL PUEBLO FUERA PROFETA!

Ojalá todos tuviéramos la inquietud del corazón de los profetas, ojalá todos tuviéramos una necesidad de hablar de Dios, de contar a todos nuestra experiencia, de ser transmisores del Espíritu de Dios que toca los corazones y que nos hace proclamar su grandeza.

No podemos encorsetar a Dios, este no es solo privilegio de unos iluminados, esa es la misión de la Iglesia que camina en Comunión, de Iglesia como Pueblo de Dios en camino, todos formamos parte de ese proyecto salvífico del Padre. Por eso cuando uno habla de Dios muchas veces se le hace callar, hagamos como Moisés, afirmemos que ojala todos hablaran de Dios, ojalá fuéramos valientes anunciadores de la verdad sin miedos y sin complejos.

El Anuncio es para la salvación, y ese anuncio es para aquellos que olvidan a Dios o lo niega, aquellos que quieren hacer de la tierra su morada eterna, pero ¡que engañados están! Van derechos a la tumba sin remedio. Por eso es tan difícil que un rico entre en el Reino  de los Cielos, porque su corazón está en lo material, porque lucha por tener más, por ser más poderoso, porque la ambición sin Dios no tiene límite, la ambición sin Dios es nuestro verdugo hacia una muerte que no tiene retroceso.

Por eso hay que anhelar la pobreza del corazón, del espíritu, para ser libre de las  ataduras de este mundo, de lo que no nos deja ser auténticos. La riqueza desmedida suele ir acompañada de todo lo que nos destruye.

Ser pobres, soñar con el Señor, llevemos todos juntos la gran misión de la Buena Noticia, aquella que da potestad para descubrir y expulsar demonios, la cercanía al Señor nos hará capaces de distinguir los espíritus inmundos, y ellos nos descubrirán y nos atacaran, pero no importa porque el Señor es nuestro Alcázar, es nuestro refugio.
Arranca de tu vida todo aquello que te hace caer, elimina la seducción de este mundo, de lo que te aleja del amor de Dios, que no seamos motivo de escándalo en el anuncio de la Verdad y haceros fuertes en Jesucristo, aquel que tiene poder para expulsar a los poderes de este mundo que nos dicen que seamos ricos, que busquemos el poder y prestigio, la ausencia de Dios y la apuesta por el mundo. El que no está contra nosotros está con nosotros, porque el mal se destapa así mismo.

Javier Abad Chismol