sábado, 23 de septiembre de 2017

HOMILÍA, CUARTO DÍA DEL NOVENARIO, 2017


MARÍA Y LA LIBERTAD



María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.
 Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre».
 María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.” (Lc 1, 39-56)
Hoy en día hablamos mucho de la liberación de la mujer, hablamos de igualdad de derechos, y planteamos una sociedad en donde no haya ningún tipo de discriminación por ser mujer.
También leyendo las páginas del Antiguo Testamento podemos ver una sociedad patriarcal, y una misión de la mujer de sumisión y obediencia al marido. Los textos están escritos en un contexto histórico en el que la mujer estaba designada a la misión del cuidado del marido y de los hijos. Esa tendencia evoluciona, es más ya en los libros sapienciales  de la Biblia empieza a verse como principio de sabiduría la igualdad del hombre y la mujer en cuanto persona e hijos de Dios, eso sí, diferenciando su papel en el mundo. Evidentemente el papel maternal hacia los hijos es de la mujer, como también decimos que María es nuestra madre, pero no cabe en la distinción hombre y mujer la discriminación negativa hacia esta; si no que tienen la misma dignidad, y son claves ambos en la historia de la salvación, como demuestran la vida de los santos, en donde hombres y mujeres dan gloria a Dios cumpliendo su voluntad y anunciado de palabra y obra el Evangelio de Jesucristo.
Me gustaría que de la mano de María reflexionemos sobre el significado de la libertad, entendiendo que la libertad consiste en la libre disposición de sí mismo, es decir, que podemos escoger dentro de nuestras posibilidades y de nuestras opciones. Pues bien, aunque nos pueda parecer en cierto modo contradictorio, María es la mujer libre por excelencia, y esto es así, a pesar de haberse comprometido y desposado  con José, que era varón justo , en un proyecto un tanto singular del matrimonio.
También en el Sacramento del matrimonio el hombre y la mujer al unirse no pierden su libertad , al contrario, deciden libremente unirse para dar gloria a Dios, el matrimonio nunca debe anular la libertad verdadera de una de las partes o de ambos, libertad, amor, unidad y matrimonio deben ir unidas de la mano. No confundamos libertad, con libertinaje o egoísmo en donde sólo cuento yo mismo y mis apetencias. Ese es uno de los motivos por el cual fracasan los matrimonios, en primer lugar porque dejan fuera a Dios de su familia y de su vida, y luego porque en el mal uso de la libertad anida el egoísmo y no la capacidad de salir de uno mismo para pensar en el otro, el amor es entrega, es renuncia, pero también es libertad.
María es libre y muestra su libertad al decidir libremente  su maternidad en la anunciación , podía haberse negado o revelado, pero María era una mujer profunda de oración y fe, por este motivo reconoció la voz del ángel, del mensajero de Dios. El estar íntimamente unido al Señor hace que podamos descubrir su voluntad, y además tener el coraje de, en libertad, decirle que sí, como María. Eso no hace que estemos inmunes hacia el temor, la incertidumbre, las dudas, lo que ocurre es que la fe no paraliza, sino que a pesar de todo nos impulsa a seguir avanzando.
En la anunciación María no consulta a su esposo, ni familiares, ni a parientes, ni a nadie, obedece directamente a Dios, ella ha recibido una oferta, y ella sola toma esa decisión trascendental, es decir que va a colaborar libremente en el plan de Dios. También nosotros tenemos que estar atentos como cristianos a la voluntad del Señor, que cuenta con nosotros y se nos manifiesta día a día, y por ello tenemos que estar pendientes de los signos de Dios y de cómo nos pide que también trabajemos por nuestra salvación y la de nuestros hermanos.
María asume el encargo con lucidez y libertad, entregando su persona en un Sí rotundo, que se extiende a toda su vida, y de esta manera ella se constituye en la excepcional y singular colaboradora en el orden de la salvación .
María también es libre para visitar a su prima Isabel  (Lc 1 39-45). Es libre para quedarse un tiempo con su prima acompañando a Isabel que iba a dar a luz, y todo ello, sin que José, su esposo, quisiera dominarla con el talante judío de varón y esposo patriarcal.
María también es libre para proclamar el Magnificat , como la mujer nueva, que se une al coro de los profetas, y así anuncia la nueva humanidad, convirtiéndose en la nueva Eva, que viene a rescatarnos del pecado, del demonio y de la muerte.
Pero a su vez, en libertad, nos marca el modelo de familia querido por Dios, toma muchas decisiones con su esposo, como cuando deciden subir a Belén para empadronarse, son decisiones consensuadas desde la fe, y desde la intervención del Señor en sus vidas. Cuando por ejemplo la pérdida de Jesús en el Templo, en donde ambos tienen que plantearse la libertad de Jesús y el designio salvífico , el  amor de los padres a veces se puede volver egoísta, no por mal, sino por posesión de los padres hacia los hijos, amar es desear la libertad, y sobre todo que esa libertad obedezca a la voluntad de Dios.
María no está esclavizada en su matrimonio, y eso que en el pueblo judío, la mujer no pintaba mucho, más bien tenía que someterse al marido, sino que viviendo en la familia con el esposo, María encuentra la libertad que necesita al ser protegida por San José, en el apoyo humano y material y en el plano espiritual, no olvidemos que José no la repudió cuando se enteró que estaba en cinta, que escucho la voz del ángel, y aceptó, como hombre bueno y como hombre de Dios .
¿Somos libres como María? Podíamos analizar en esta reflexión cómo es nuestra libertad, cómo son nuestras ataduras, podemos ser esclavos de muchas cosas, de personas, de situaciones, de miedos, cada uno debe meditar en su corazón, y sin engañarse sobre cómo es nuestra libertad, a qué estamos apegados, y sobre todo, y a la luz de María, ¿Qué no nos permite ser libres? ¿Qué nos frena para descubrir la voluntad de Dios? ¿Qué nos hace una vez descubierta la voluntad de Dios poder realizarla?
María, como en tantas cosas en nuestra vida, debe ser nuestro modelo, vemos en ella entereza, fortaleza, decisión, pero a su vez obediencia. Qué difícil resulta en nuestro mundo hablar de obedecer, o de leyes, más bien hoy se utiliza la libertar para pervertir al hombre, aunque esto ya viene desde el principio de los tiempos, cuando Adán y Eva en su libertad prefirieron la seducción del demonio, la belleza del árbol, de la manzana, la tentación de dominarlo todo, de sentirse el dueño del mundo, su propio dios, quien hace sus leyes a su antojo . Pudieron decir no, y obedecer a Dios, como nuestro mundo, nuestra sociedad que muchas veces prefiere lo cómodo y atractivo, y rechaza el esfuerzo, a la corrección a la renuncia.
También nosotros estamos continuamente en un brete, en no saber qué hacer, o lo que es peor, que no sabemos lo que viene de Dios, de lo que viene de nosotros y lo que viene del mal, ¿Cómo saberlo?
Es sencillo en cuanto lo que hay que hacer, pero difícil en la perseverancia de hacerlo. Es la oración, la contemplación, es dejar y dar la oportunidad a la escucha de Dios, acallar los ruidos, como Jesús en Nazaret, dejar que el Señor vaya obrando en y con nosotros.
Dentro de la humildad y para concluir esta meditación, no olvidemos que estamos en camino de conversión siempre, que la humildad nos hará reconocer y darnos cuenta que estamos en manos de Dios, que es Él quien obra en nosotros, que él es la vid y nosotros los sarmientos . Por lo tanto tenemos marcado un rumbo en nuestra existencia, que es el sueño de Dios para el hombre , y es que estamos llamados a ser santos, y no por nuestros méritos, sino por pura gracia y por puro amor de Dios.
Que María nuestra madre nos ayude a ser sencillos, dóciles a la voluntad divina, que nuestro sí no sea sumisión, sino que sea una decisión plena de libertad y de caridad, sabiendo que en el sí, está la felicidad y la esencia del hombre, que María sea nuestra madre y maestra de Nazaret en la humildad y el servicio desde Dios a nuestros hermanos.

Javier Abad Chismol


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