sábado, 12 de septiembre de 2015

¿QUIEN DICE LA GENTE QUE SOY YO?


LA FE SIN OBRAS ESTÁ MUERTA

Semana XXIV del Tiempo Ordinario (B-2015)



El Señor nos anima a seguir adelante, a no desfallecer a pesar de la dificultad y de la adversidad, nos abre oído como al sordo y nos desvuelve la vista como al ciego, aprendemos y entendemos el precio de la verdad y de la lucha por la libertad.

Por eso ofrecemos nuestras espalda a los golpes, aceptamos los ultrajes y los insultos, estamos dispuestos a llegar hasta el final en esta conquista, porque sabemos que la empresa en la que estamos no es nuestra, estamos con el Señor, y él es nuestro abogado, nuestro alcázar, nuestro defensor, por eso nos da igual la denuncia del mundo, del impío, del incrédulo, de aquellos que piensan que a Dios se le puede burlar o incluso aniquilar, no seremos decepcionados y por eso podemos hacer frente a los enemigos.

La coherencia, la transparencia viene del Señor que nos ilumina, el apóstol Santiago nos lo dice muy claro, no podemos amar a Dios y decir que le queremos cuando nuestra vida está vacía de obras. Es una llamada a la conquista de la verdad con nuestra propia vida si fuera incluso necesario. Es vital construir un mundo más justo y solidario, ¿de qué nos sirve la queja si luego nos somos capaces de hacer nada? A veces nos contentamos con pensar y decir que está todo muy mal, y nos quedamos tan solo con lamentaciones, y eso nos hace estar inertes, quietos, como aquel que espera su final sin poder hacer nada. Es como cuando vemos que las Iglesias, las parroquias se van vaciando, y no hacemos nada para remediarlo. Tenemos que apostar por la Evangelización, por la conquista de Cristo, que se vea a los cristianos por cómo viven, por lo que hacen, que el que vea un cristiano vea a una persona animada, llena de esperanza y con entusiasmo, el Señor no nos quiere quietos, no caigamos en la tentación del demonio, en la impasibles y en la desmoralización.

Hoy el Señor nos pregunta a cada uno de nosotros ¿Quién dice la gente que soy yo? ¿Qué pensamos nosotros? A veces no entendemos, no comprendemos, vivimos engañados, nos ocurre como a Pedro que no quería consentir el sufrimiento de Jesús, y el mismo Señor le dijo; ¡Apártate de mí Satanás que piensas como los hombres! Estamos llamados a configurarnos con el Señor, a mirar con los ojos de la fe y no con los ojos del mundo.

Seguir a Jesús es dejarlo todo, cargar con su cruz y estar dispuesto perderlo todo, el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que la pierda por el Señor y la Buena Noticia, se salvará.

Javier Abad Chismol


viernes, 4 de septiembre de 2015

EFFATHA

DIOS CURA Y SALVA
Semana XXIII del Tiempo Ordinario (B-2015)




Decid a los cobardes, “Animo no temáis”, nos trasmite el Profeta Isaías, nos dice que estemos en pie y alerta, que no nos desmoralicemos a pesar de la dificultad o del abandono aparente de Dios, que sepamos sobrepasar las limitaciones de nuestra condición humana, porque el Señor hará que venzamos y que superemos a nuestro enemigo.
Se despegaran los ojos de los ciegos, los oídos del sordo se abrirán, brincara el cojo, la lengua del mudo hablará, habrá agua en el desierto, en definitiva Dios viene a dar una nueva vitalidad a la humanidad, a superar los miedos y des mascarar al enemigo.
Cuando estamos lejos del Señor somos como tierra reseca, como en el desierto, somos ciegos porque no vemos la verdad, porque no vemos al Señor, cojos porque no caminamos, porque no avanzamos en nuestra vida, porque andamos perdidos e impasibles, y mudos porque no hablamos de la verdad, porque callamos sumergidos en nuestra propia mentira.
 Y ver, es mirar con los ojos de la fe, del cariño del amor, y para ello tenemos que romper los prejuicios humanos, aprender a pensar como Dios, no como los hombres, valorando lo que el Padre valora, que es el amor a los pobres, a los necesitados, a los cojos, a los ciegos, a los que tienen hambre y sed, a los que están perdidos por el desierto de la vida. Escojamos la pobreza y la misericordia de Dios, hagámonos pobres y seremos ricos, y convirtiéndonos en transmisores del Evangelio, de la verdad plena que nos conduce a la libertad, que rompe las cadenas que nos esclavizan y que nos convierte en tullidos inertes que pueden avanzar.

No nos creamos nunca mejor que los demás, sintámonos pobres y necesitados de Dios,  así seremos personas plenas. Jesús se acerca a nosotros, aquí y ahora toca nuestros oídos y nuestros labios, nos dice; “Effatha” (que significa ábrete), se nos capacita para recibir su Palabra, para escucharla para luego poder proclamarla y trasmitirla a todos nuestros hermanos.

Javier Abad Chismol


viernes, 28 de agosto de 2015

ESCUCHA LA VOLUNTAD DE DIOS

ESCUCHA Y SERAS PUEBLO SANTO Y

SENSATO

Semana XXII del Tiempo Ordinario (B-2015)



Lo más importante que podemos hacer los cristianos es tener un espíritu dócil a la voluntad de Dios, es decir, que muchas veces andamos extraviados, como ovejas sin pastor, perdidos y sin rumbo, pero si esto nos pasa es sobre todo porque no sabemos escuchar, porque vamos cegados por nuestros avatares diarios, con nuestras cosas, y por lo tanto no tenemos abierto ni el oído ni el corazón.

Sabemos cuál es la Ley, pero no la cumplimos, o si no la adaptamos. La lectura del libro del Deuteronomio nos habla del cumplimiento de la Ley de Dios, nos dice que no la deformemos, que no la aumentemos y que no la recortemos, en definitiva, se nos dice que no juguemos a ser dioses, que escuchemos y podremos caminar hacia la santidad y la sensatez.

El apóstol Santiago nos interpela a que escuchemos la Palabra, que esa Palabra tiene poder para salvarnos, que seamos dóciles a la escucha y a su cumplimiento, no nos podemos conformar solo con la escucha, porque puede ser que no estemos atentos, bien por dejadez o porque no nos conviene. Nuestra religiosidad auténtica consiste en que la Palabra y los Mandamientos dan fruto en nosotros, y se manifiesta con una caridad verdadera, ayudar a los más necesitados y no quedar contaminados por el mundo.

Por eso Jesús no invita a ser auténticos, a salir de la doble moral, a dejar ritualismo sin fundamento, no podemos honrar al Señor con los labios si nuestro corazón está lleno de odio y de rencor, nuestro alejamiento del Señor nos lleva a sacar de nosotros lo peor que llevamos dentro, que podamos siempre estar unidos a Él para que nuestra vida sea reflejo del amor de Dios.


Javier Abad Chismol