sábado, 5 de enero de 2019

LA EPIFANIA: LA ESTRELLA DE LOS REYES MAGOS



Celebramos estos días la venida de nuestro Señor Jesucristo, los Reyes Magos nos visitan un año más, vienen a nuestras casas, aunque les haya salido un claro competidor, ese señor de la barba blanca y con los colores de la coca-cola, ese llamado santa Claus, que es realmente san Nicolas, Papa Noel, ese que se adelanta siempre a nuestros queridos y tradicionales Reyes Magos, que aunque hoy sea una fiesta pagana sí que parte de la bondad de un obispo por ayudar a los más pequeños.
Nos ha pasado como con el belén y el árbol de Navidad, lo profano y pagano quieren suplir a lo verdadero o transformarlo, es lo que llamamos la secularización de las fiestas, todo provocado por motivaciones muy claras, una de ellas es la ideológica, es ir en contra de lo religioso, no porque se ataque directamente sino porque se ningunea, de las tradiciones católicas y populares de toda la vida se busca su utilización para otros fines, es un montaje social y comercial que muchos no están dispuesto a perder, las empresas que giran en torno a la Navidad no pueden dejar pasar esa oportunidad única en el año de hacer caja.
Ahora especialmente les ha tocado a los niños, a los juguetes, y por supuesto también a todos los mayores, es momento de regalos, sorpresas e ilusiones. Tenemos que vivir la festividad de Reyes con una predisposición correcta, en donde nos remontemos al sentido de esta fecha tan entrañable para toda la familia y sobretodo la noche mágica para los pequeños.
Vayamos al sentido originario, el verdadero sentido del día de Reyes, llamado realmente “La Epifanía del Señor”, que significa la manifestación del Señor a todos los pueblos, a la humanidad entera, un día que es la proclamación de la Buena Noticia a todos los hombres de todas las épocas y lugares. Eso es lo que representa el día de Reyes, ellos siguieron la estrella, la luz les guio y les llevó a Belén, a ese pobre portal. Todos unos reyes, representación de todos los continentes y de todas las culturas le visitan, es el mensaje de amor y de fraternidad para todos.
De esta manera, de nuevo, dos mil años después vienen a visitarnos a nuestras casas los Reyes Magos, al igual que fueron a adorar al niño, a hacerle una ofrenda y postrarse ante él, como símbolo claro y evidente de que habían reconocido en este niño pobre, acostado en un pesebre en una cuadra, al Hijo de Dios, por eso es la Epifanía del Señor, porque Jesús a venido al mundo y los Reyes lo han reconocido guiados por la estrella. Han llegado hasta él a pesar del interés de Herodes porque muera el Hijo de Dios.
Como vemos incluso antes de nacer ya lo querían matar y eliminar. Igual pasa también en nuestros días, muchos son los que quieren eliminar esta manifestación de Dios, quitar los belenes de la escuela, quitar los festivales, sustituir a los Reyes por papa Noel, muchos siguen haciendo el papel de Herodes, matando todo testimonio visible de que Dios ha venido al mundo.
Esa actitud de eliminar a Dios como sea, a su manifestación, haciendo apología de lo pagano y de lo no confesional la religión y ser creyente parece pasado de moda y hay un ataque a la cultura y a las tradiciones cristianas. Hoy, ellos quieren abanderar la causa de Herodes, hoy se sienten identificados con sus fines macabros, es decir, eliminar la Epifanía, la manifestación de Dios a todos los hombres. Pero a pesar de su poder, Herodes no pudo con la voluntad de Dios, Él es más grande que la maldad y el sentimiento de eliminar a Jesús de nuestra vida, de nuestras ciudades y de nuestras casas. Este año también vendrán los reyes a visitarnos y por supuesto también a aquellos que no dejan que entren, ellos seguirán viniendo siempre, porque la estrella de los Reyes no se agota y no se cansa.
Es la estrella de la mañana, la que nos da la verdadera luz para poder reconocer al Señor, como lo hicieron los Reyes Magos cuando se postraron y dieron sus regalos al niño que era una señal clara de que nos ha nacido un salvador que ha venido a dar la luz al mundo.
Le trajeron oro, como proclamación de su reinado, el reina sobre todos los hombres, con un reinado basado en el amor y la entrega, un rey que nace en un pesebre y no en un palacio, un rey que quiere y ama a los más pobres y necesitados y por eso fue solidario con ellos, naciendo pobremente y no como un rey terrenal; mirra, para que viéramos que era hombre, que se había hecho uno de nosotros, que no era un Dios que iba gobernar desde su trono, siendo un Dios lejano, ¿qué más cercano y frágil que un niño recién nacido indefenso?;incienso que es la manifestación de Dios, su perfume, que cuando lo encendemos sube hasta el cielo, es el símbolo de la oración que va desde los hombres al Señor, la plegaria que llega a alcanzar un Dios cercano.
En este día no le debe faltar a nadie un regalo, especialmente a ningún niño, como testimonio claro del amor de Dios a todos los hombres, un amor que es universal, que es hasta para todos aquellos que reniegan de él y de su mensaje de salvación. Tenemos que reconocer esa estrella de los Reyes que nos lleva al Señor. Es también un momento de buenos propósitos y peticiones para este nuevo año que estamos estrenando, un año que debe ser, si es posible, mejor que el anterior. Un año más tranquilo en muchos aspectos y de desearnos que todo sea más acorde a como nos pide este niño Jesús nacido en un pesebre; él que es mensajero de paz, nos traiga la concordia para todos.
Pidamos por todos los que le persiguen porque no quieren saber nada de Dios, de la religión y de la Iglesia, porque si lo hacen es por lo mismo que le ocurrió a Herodes, por ignorancia de no haber encontrado la estrella de los Reyes, de la Epifanía, de la manifestación del Señor a todos los hombres.
Javier Abad Chismol

miércoles, 26 de diciembre de 2018

LA FAMILIA ES EL PILAR DE NUESTRA SOCIEDAD


Sagrada Familia


30 de diciembre 2018


El día de la Sagrada Familia es muy importante para los cristianos, en la familia se construyen los pilares fundamentales de nuestra sociedad, la familia no es algo que esté trasnochado o desfasado, ni algo del pasado, la familia es la esencia misma del ser humano, ¿que seriamos cada uno de nosotros sin nuestra familia?

A nuestra familia le debemos todo, lo que somos, nuestras vivencias, nuestro aprendizaje, y lo que llegamos ha alcanzar a lo largo de nuestra vida.

La familia no es perfecta, como no lo es el ser humano, pero en ella crecemos, y ella es nuestro apoyo en los distintos ámbitos de la vida. Los libros de la Sabiduría del Antiguo Testamento nos enseñan a amar a los padres, a respetarlos, al igual que en los Mandamientos de la Ley de Dios. Ese respeto debe ser de los padres a los hijos y de los hijos a los padres. Unas veces los hemos necesitado y en otros momentos ellos nos necesitan, eso es el amor, la generosidad y la entrega de una madre y de un padre, y el gesto de un hijo agradecido y comprensivo.

Que nos podamos revestir como hijos elegidos de Dios, santos y amados, tener entrañas de misericordia, de bondad, humildad y mansedumbre y paciencia.

Virtudes que viene de la fuerza del Señor, es la fuerza que el Señor da a los esposos cuando contraen Matrimonio, acercarse al Sacramento es reconocer la debilidad y reconocer que necesitamos de la fuerza del Señor para llevar a cabo la tarea de formar una familia, que se fundamenta en el respeto mutuo, en la igualdad y en el amor.

Hoy contemplamos el misterio de la Sagrada Familia de Nazaret, a María que dice sí a Dios, a José hombre justo y piadoso que respeta la voluntad de Dios a pesar de la contradicción, y Jesús que lleva la salvación al mundo por puro amor, por obediencia.

La familia es el marco del respeto, de la aceptación que no de la resignación, aceptar la condición humana y la verdad es la clave parta el triunfo y la felicidad, y lo más importante es que el Señor este en centro de nuestra vida y de nuestra familia, y esto dará armonía a nuestras relaciones personales de unos con otros.

Javier Abad Chismol
Párroco



viernes, 21 de diciembre de 2018

IV SEMANA DE ADVIENTO (C-2018)


LA VENIDA INMINENTE DEL SEÑOR


En este cuarto Domingo de Adviento culmina la espera, una espera que nos llena de esperanza, una corona que ya alumbra nuestra vida, porque se ha incrementado la luz, es la luz que guía nuestros pasos y alumbra nuestra vida, necesitamos de esa luz para salir de la tiniebla.

La venida del Mesías está llena de signos que nos hacen caer en la cuenta de que el Señor está cerca, que está a la puerta. El primero de los signos es Belén, porque Miqueas anuncia que el esperado por todos nacerá en la pequeña aldea de Belén.

En Belén se demuestra la sencillez y la pequeñez que ama el Señor, nace en un lugar pobre y apartado para hacerse cercano a todos, su pequeñez demuestra su grandeza. El Mesías no nacerá en una ciudad como Jerusalén, ni nacerá en un palacio, ni siquiera en una cuna, lo hará en una cuadra, en una aldea y un pesebre.

La venida del Señor es sobre todo para obedecer al designio salvifico del Padre, es decir, cumplir la voluntad de Dios, no por pura complacencia, es por algo mucho más grande, es por la salvación de todos los hombres.

Descubrimos aquí el valor de María e Isabel, todo por puro amor a la voluntad de Dios, unido al significado vital de la humildad, reconociendo su pequeñez y viendo la grandeza de Dios.

Hoy también a las puertas de la navidad nos visita también el Señor a todos nosotros, naciendo en cada hogar, en cada corazón, en nuestras vidas.
Que podamos acogerlo en los tres signos que recordamos hoy; el nacimiento en Belén, la visita de María a Isabel y el cumplimiento de la voluntad de Dios.

Javier Abad Chismol
Párroco