martes, 4 de diciembre de 2018

INMACULADA 2018



SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA

 CONCEPCIÓN


Hoy recordamos a la Virgen María, y lo hacemos matizando y afirmando con fe uno de sus dogmas, María fue concebida sin pecado original, es decir que no estaba herida por el pecado y por la corrupción del mal encarnada en el demonio.

Es por lo tanto, la vencedora del mal, es el antídoto para toda la humanidad para así vencer al mal y al pecado. Si por una mujer entró el pecado en el mundo, por una mujer nos llega la redención y el perdón. Es cierto que el género humano no pecó solo, fue ayudado por las fuerzas del mal, por Satanás, por lo tanto tampoco podemos salir solos por nuestros medios.


Recordemos en qué consistió el Pecado Original, es un acto en el que la humanidad y cada hombre tiene que luchar para no caer en la tentación. Nos queremos creer superiores, queremos ser más que los demás, queremos en definitiva pasar sobre Dios, apartarle o eliminarle. Pues bien, hacer esto es aniquilar al propio hombre y a la humanidad, porque el hombre sin Dios se convierte en un ser despiadado, en donde triunfan los fuertes y se abusa de los débiles.

En definitiva sin Dios la humanidad se destruye, y del corazón de cada hombre nacen los instintos más primarios y destructivos. Por eso hoy nos tenemos que acercar a María para que sea nuestro apoyo, nuestra auxiliadora, nuestro refugio, ella vence al pecado y al demonio, aplasta la cabeza de la serpiente y nos lleva a la salvación y al encuentro con el Padre.

También en Jesucristo encontramos al nuevo Adán, que nos cura del pecado del primer hombre, nos justifica, nos lleva a la Iglesia y nos purifica por el sacramento del Bautismo.

Por eso María nos lleva de la mano, nos ayuda a fiarnos del Señor, a seguir su camino y aceptar su voluntad en nuestras vidas. Que resuenen en nuestras vidas las palabras de María; Hágase tu voluntad.

Javier Abad Chismol

sábado, 1 de diciembre de 2018

I Semana de Adviento (C-2018)



SE ACERCA VUESTRA LIBERACIÓN
(Jer 33, 14-16. Sal 24. 1 Tes 3, 12-4, 2. Lc 21, 25-28. 34-36.)


El mundo se tiene que observar y contemplar con esperanza y con confianza, el Señor no nos ha dejado solos, sabemos que él tiene que venir a nuestros corazones, a nuestras vidas, esa es nuestra meta, de que venga a llenar nuestra existencia, de que nos ayude a superar el aparente sin sentido de nuestro mundo, del lugar que ocupa en el cosmos, en el universo.
Una ciudad nueva donde habite la justicia y la paz, una forma distinta de entender la humanidad, en donde el pecado, la corrupción, sea vencida por la fuerza del amor y de la solidaridad, sin Dios, sin su venida, no podemos hacer absolutamente nada, el Señor “es nuestra justicia”, con él podemos vencer la fuerza del mal, del ateísmo, de la indiferencia y de la crueldad del hombre que quiere devorarse unos a otros porque está lleno de odio, de ambición, de codicia y de ansia de poder.
El tiempo de Adviento es un tiempo privilegiado para el amor, para la esperanza, para estar expectantes a la venida de algo muy grande, es la espera que se convierte en fuente de amor y de paz, donde la justicia divina se impone por encima de la de los hombres, para ello tenemos que aprender a poner en práctica todo aquello que el Señor nos ha enseñado en las Sagradas Letras, los mandatos divinos que no vienen como imposición, que vienen como nuestra liberación de la esclavitud y del pecado.
Llegará un día que habrá signos fabulosos, porque viene el Señor, los alejados tendrán miedo por lo desconocido y por la evidencia de su error al rechazar al autor de la vida. Estemos preparados para esa venida, que no estemos embotados por todas las tentaciones terrenas, por lo que nos pervierte y nos aleja del amor y de la verdad, velad y orar para presentarse sin temor ante los ojos del Padre.
Javier Abad Chismol
Párroco

EL MISTERIO DE LA ESPERA: EL ADVIENTO



El adviento es el tiempo de la espera y venida de Dios en el corazón del hombre actual.
La tensión de la espera y la no-espera, no se sabe esperar, hay impaciencia, se busca la inmediatez, se quieren respuestas rápidas.
No sabe esperar, por eso les cuesta tener esperanza, se busca la respuesta en: la ciencia, la medicina, las leyes, los astros.
Todo, menos Dios, este se queda en el último lugar, es comodín final. Resurge la brujería, la adivinación, aquello que no compromete pero si soluciona, es la época de la droga, de la alucinación.
Realmente el hombre sigue buscando la salvación y siente en el corazón como un vacío, un desierto en busca de oasis, algo que le lleve a una paz que no sabe bien donde se encuentra.
Conocemos la historia de esperando a Godot de dos mendigos, esperan sin saber lo que esperan, ni a quien, ni como, ni fecha e incluso el lugar de la fecha, de pronto llega un muchacho indicando que va llegar al día siguiente, pero al día siguiente llega con la misma misiva de mañana, y los dos pobres siguen esperando.
Alguno puede verse reflejado en esta espera de Godot, de Samuel Beckett, es la situación del hombre postmoderno, un condenado a esperar algo que nunca llega, es el drama absurdo, son castillos de arena de la playa.
La espera constituye la misma trama de la vida. Es su fuerza y debilidad. Impaciente y serena, la espera es compañía de la vida en sus búsquedas y encuentros. Contiene sus secretos. A veces es su freno y su trampolín de lanzamiento, su memoria y latido de corazón... La espera es de algún modo nosotros mismos, con nuestras cualidades y defectos, con nuestras certezas y nuestros interrogantes, con nuestras necesidades y nuestros deseos. (E. Debuyst).
La Palabra de Dios que se proclama en el adviento resume las esperas y búsquedas del hombre iluminada cuando se agita el corazón y la mente. No es como el caso de Godot, sabemos a quién esperamos y sabemos que va a llegar.
El adviento es tiempo de esperanza y de conversión, que no perdamos esa perspectiva, no nos acomodemos a nuestra vida, y ya por resignación no esperemos nada.
Javier Abad Chismol
Párroco