jueves, 14 de marzo de 2019

II SEMANA DE CUARESMA 2019-C


LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR

ALIANZA DEL SEÑOR CON ABRAHAM,

 EL CREYENTE


Abraham cree en el Señor invisible sale de sí mismo, renuncia a su incredulidad y a sus ataduras, Él puso su confianza en el Señor y fue capaz de decir sí, supo dejar a sus parientes, amigos,  y de esta manera atendió la voluntad del Señor y se puso a caminar hacia la tierra que el Señor le prometió.

Dios nos salva y nos da una vocación santa, es una llamada para poder trascender todo lo que hacemos y todo lo que vivimos, y desde luego no lo ha hecho por nuestros méritos ni por nuestras buenas obras, lo ha hecho por puro amor y en gratuidad.

Hoy el Señor se transfigura delante de nosotros, que es como decir que le reconocemos, y lo hacemos además como Señor, muchos le verán pero no le verán, muchos oirán su nombre pero no le reconocerán, el Señor se transforma y a su vez nos transforma a nosotros, Él cambia nuestras vidas. Porque son muchos los que son esclavos de la carne y de los instintos más primarios, y en ese vivir presos del mundo se cierran a la conversión y a la salvación y andan como perdidos, buscando donde no hay.

Cuando el Señor se transfiguró ante los discípulos todos experimentaron lo bien que se estaba en esa presencia mística, como se alcanzaba un grado que superaba todo lo terreno, por eso decimos que estar con el Señor en este mundo, reconocerle, es lo más parecido a la vida eterna, la cual esperamos, añoramos y deseamos.

En esa presencia mística del Señor, se oyó una voz que decía; “Este es mi hijo amado, en quien me complazco, escuchadlo”.

Esas palabras, ese rostro de luz en el Señor, nos da confianza aunque nos dé temor, pongamos nuestra vida en manos del Padre y el transformará nuestras vidas, hará que su rostro brille como el sol y afirmemos el sí de Abraham y el sí de María, renovemos nuestra confianza y nuestro amor al Señor y acerquemos al misterio de la trascendencia.

Javier Abad Chismol

miércoles, 6 de marzo de 2019

I SEMANA DE CUARESMA C-2019, TENTACIONES DE JESÚS



NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN


Comenzamos el tiempo de la cuaresma, es el tiempo de la reflexión y de la revisión de vida, es tiempo de hacer un pequeño alto en el camino y escuchar la voz del Señor.

La mayor tentación del hombre es la que escuchamos en el libro del Génesis, es la tentación de la serpiente, del demonio, a Eva, a la humanidad entera, y no es otra que querer prescindir de Dios, anularle y querer suplirle, recordemos la frase de la serpiente; “Si comes del árbol serás como Dios”.

Hoy, nuestro mundo sigue queriendo eliminarlo, apartarlo, y es precisamente ahí donde el hombre cae en la mayor tentación y sucumbe presa de sus caprichos y de su nueva moral adaptada a los tiempos del momento.

Al anular a Dios desconocemos la profundidad del bien y el mal y entonces caemos cautivos del relativismo y de la subjetividad.

Si por un hombre entró el pecado en el mundo, así por un hombre, nos entró la salvación, Cristo es el nuevo Adán, el que nos lleva a las puertas de la salvación y orienta de nuevo nuestras vidas, y de esta manera manifestamos que Cristo murió por nuestros pecados y nos ha redimido con su sangre, del mismo modo que por un hombre pecamos todos, por un hombre nos salvamos.

El demonio tentó al Señor en cuanto hombre, porque se hizo uno de nosotros, sintió hambre y el demonio le dijo que convirtiera las piedras en pan, y Jesús le respondió; “No solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Le pidió que manifestará su grandiosidad y le dijo; “No tentarás al Señor tú Dios”. Le ofreció la grandeza de todo el mundo y le dijo; “Adorarás al Señor tú Dios y sólo a Él darás culto”.

En definitiva, deja a Dios ser Dios, y con la gracia y el espíritu vencerás la tentación.

Javier Abad Chismol.  Párroco

jueves, 28 de febrero de 2019

VIII Domingo Ordinario C-2019, DE LO QUE REBOSA EL CORAZÓN HABLA LA BOCA


VIII Domingo Ordinario C-2019


El hombre posee un gran regalo del Señor, su razón, su inteligencia, su capacidad de pensar, todo ello debe llevarle a cumplir y encontrar su lugar en el mundo, no le debe llevar a desafiar o a negar a Dios, los libros de la Sabiduría nos hablan de esto, de la capacidad de pensar y saborear la verdad. La vida en si es una prueba, como prueba el horno al barro, y nosotros somos el barro y Dios el alfarero, ¿puede el barro revelarse contra el alfarero? ¿Puede el hombre negar a su autor en nombre de una inteligencia dada por el Creador?

El ser humano en su grandeza como Hijo de Dios está llamado a la vida, no a la muerte, está llamado a la vida eterna, por lo tanto la muerte ha sido vencida y la muerte se convierte en una victoria, es la contradicción entre la vida y la muerte, y es el mismo Cristo quien nos salva y nos lleva a la verdadera vida que trasciende nuestra existencia terrenal.

El verdadero aguijón de la muerte es el pecado, porque este si destruye, y sí que mata de verdad, el hombre no puede matar el alma, pero el pecado y el demonio sí que puede destruir al hombre, negándose este a reconocer a Dios, sintiéndose amo y dueño de su vida cuando tarde o temprano la perderá sin remedio. Así pues, hermanos míos amados, hay que mantenerse firmes, inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que vuestro trabajo no es vano el Señor.

El Señor nos llama a caminar como Hijos de la luz, saliendo de la oscuridad, de nuestro pecado, no dejándonos solos, si un ciego guía a otro ciego los dos caen al hoyo.

El discípulo no está por encima del maestro, por eso es muy importante estar bien formado y conocer la verdad del Señor, no hay que estar pendiente del error, del fallo de los demás, de tal manera que no seamos capaces de ver nuestro pecado.

No podemos ser hipócritas, criticar cuando nuestro error es mucho mayor, mírate primero a ti mismo en humildad y después podrás estar en condición de ver a tu hermano.

El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo, saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca. Somos lo que somos, y de nuestra lengua habla de lo que rebosa nuestro corazón.

Javier Abad Chismol