miércoles, 29 de agosto de 2018

Semana XXII del Tiempo Ordinario (B-2018)


ESCUCHA LA VOLUNTAD DE DIOS

ESCUCHA Y SERAS PUEBLO SANTO Y SENSATO


Lo más importante que podemos hacer los cristianos es tener un espíritu dócil a la voluntad de Dios, es decir, que muchas veces andamos extraviados, como ovejas sin pastor, perdidos y sin rumbo, pero si esto nos pasa es sobre todo porque no sabemos escuchar, porque vamos cegados por nuestros avatares diarios, con nuestras cosas, y por lo tanto no tenemos abierto ni el oído ni el corazón.

Sabemos cuál es la Ley, pero no la cumplimos, o si no la adaptamos. La lectura del libro del Deuteronomio nos habla del cumplimiento de la Ley de Dios, nos dice que no la deformemos, que no la aumentemos y que no la recortemos, en definitiva, se nos dice que no juguemos a ser dioses, que escuchemos y podremos caminar hacia la santidad y la sensatez.

El apóstol Santiago nos interpela a que escuchemos la Palabra, que esa Palabra tiene poder para salvarnos, que seamos dóciles a la escucha y a su cumplimiento, no nos podemos conformar solo con la escucha, porque puede ser que no estemos atentos, bien por dejadez o porque no nos conviene. Nuestra religiosidad auténtica consiste en que la Palabra y los Mandamientos dan fruto en nosotros, y se manifiesta con una caridad verdadera, ayudar a los más necesitados y no quedar contaminados por el mundo.

Por eso Jesús no invita a ser auténticos, a salir de la doble moral, a dejar ritualismo sin fundamento, no podemos honrar al Señor con los labios si nuestro corazón está lleno de odio y de rencor, nuestro alejamiento del Señor nos lleva a sacar de nosotros lo peor que llevamos dentro, que podamos siempre estar unidos a Él para que nuestra vida sea reflejo del amor de Dios.

Javier Abad Chismol

miércoles, 15 de agosto de 2018

SANTORAL DE LA IGLESIA: SAN ROQUE

SANTORAL DE LA IGLESIA: SAN ROQUE: PEREGRINO DE LA MISERICORDIA Cuando nos acercamos a la imagen y a la devoción de San Roque es conveniente acercarnos a los datos...


SAN ROQUE


Cuando nos acercamos a la imagen y a la devoción de San Roque es conveniente acercarnos a los datos históricos, que aunque tenemos pocos, sí que nos ha llegado a nuestros días la tradición oral, por lo tanto san Roque desde luego existió, y es un santo, no una antigua figura pagana reconvertida, ni tampoco un mito o una leyenda, aunque la tradición oral tiene el peligro de distorsionar alguno de los datos.

Conocemos que nació sobre el año 1350 en Montpellier en Francia, de una familia de clase media, un lunar que tenía en forma de cruz hacía presagiar su acercamiento a la divinidad, al designio salvífico de Dios. Siendo muy joven, Roque perdió a sus padres y decidió hacerse peregrino y atender a los más necesitados,  y de esta manera entró a la Tercera Orden Franciscana, dio todo su dinero a los pobres y confió a su tío administrar sus bienes en beneficio de estos. En Roque vemos como se plasma el amor a Dios en los pobres.

Se dirigió a Roma, pero deteniéndose en cada lugar donde podía cuidar enfermos e inválidos. En Roma estuvo tres años y, de regreso a su casa, pasando un tiempo en Piacenza, atendiendo a los enfermos, quedó contagiado de la peste.

Se tuvo que ir de la ciudad donde tanto bien había hecho Roque, se refugió en un bosque, esperando morir por su enfermedad contagiosa. Allí, día tras día, un perro le llevaba un trozo de pan; el dueño del perro, que no era hombre piadoso ni siquiera una buena persona, quedó admirado por semejante hecho y se convirtió, arregló sus asuntos y cambió de vida. Contra todo pronóstico, Roque sanó de la peste, se dirigió a su tierra, que estaba en ese momento en guerra. No fue reconocido, sino tomado por un espía, y sin juicio alguno lo enviaron a la cárcel, y según la historia estuvo entre 5 y 8 años entre rejas, donde murió.

Su iconografía aunque variada, es abundante y perfectamente reconocible: viste de peregrino (bastón con calabaza, sombrero, esclavina con concha). Suele levantar la ropa con un bonito gesto, para mostrar las llagas, y casi siempre le acompaña el perro, que lleva el pan en la boca, y a veces un ángel. Su fiesta es el 16 de agosto, pero también aparece a 13 o 18 del mismo mes.

Javier Abad Chismol


Semana XXI del Tiempo Ordinario (B-2018)

¿A QUIEN IREMOS?





Todos tenemos la tentación de fabricarnos nuestros propios dioses, de crear ídolos que se convierten en idolatría a la que pedir, a la que llorar o a la que implorar. El hombre vive en una existencia que es un misterio, el misterio de la vida, de su existencia, de su sentido, de su nacimiento y de su muerte.

¿A quién seguiremos? ¿Al único Dios verdadero que nos marca el sentido de nuestra vida o a dioses falsos fabricados por nosotros que se convierten en sucedáneos? No queremos al verdadero Dios, pero sí que queremos seres sobrenaturales, aclamaciones, queremos en definitiva esperanza, no creemos en la otra vida pero nos empeñamos en hablar con nuestros seres queridos difuntos, no creemos en Dios pero si en los astros y en la adivinación, en el fondo no creemos en nada, creemos en nuestra propia ilusión mental aquella que nos pueda dar un aliento de esperanza o de ilusión, pero todo en definitiva es vanidad si abandonamos al único y verdadero Dios.

Todo puede tener una solución y esto pasa por amar a la Iglesia, ¿y por qué a la Iglesia? Porque es la que nos marca el rumbo correcto, no por ella misma, sino por el impulso del Espíritu Santo, Cristo es la Cabeza y la Iglesia es su Cuerpo. Amamos la Iglesia no en cuanto hombres sino en cuanto voluntad del Padre, que quiso encarnarse mandado a su Hijo y creando ese puente de unión con los hombres que se da en los sacramentos por medio de la Iglesia.

La plenitud plena se nos da en la Eucaristía, en Cristo que se entrega por nosotros, él es el Pan de Vida, le necesitamos como viático, como pan para el camino. Muchos no lo quisieron seguir, no lo quisieron reconocer, negaron al verdadero Dios para caer en manos de la idolatría y de la comodidad, que sepamos optar por la verdad plena, la que nos conduce a la salvación y tiene semillas de vida eterna.

Javier Abad Chismol