sábado, 13 de abril de 2019

DOMINGO DE RAMOS 2019



EL SEÑOR VIENE A SALVARNOS



Celebramos la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén. El Señor viene a nuestro encuentro, se hace presente en nuestras vidas, pasa por nuestro lado, lo hace de la misma manera que hace dos mil años, no lo hace con discreción, no lo hace a escondidas, lo hace públicamente.
Muchos salen con ramos y palmas, festejan que el Señor ha estado grande con nosotros y que por eso estamos alegres, ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Muchos mirarán con asombro por las calles, otros con cierto aire burlón, otros con indiferencia, pero muchos le miramos con alegría y gozo porque el Señor viene a nosotros, porque el Señor no se cansa de nosotros, porque cada año viene de nuevo para anunciarnos el camino de la salvación, y de nuevo también morirá por cada uno.
La bendición del Señor se hace presente, el designio salvífico de Dios se renueva, y también la oportunidad de caminar de nuevo hacia la Pascua, de quedar purificados de nuestros pecados, de poder volver a empezar de nuevo porque es Él el que carga con nuestras culpas.
El Señor nos ha dado todo lo que necesitamos para que podamos reconocerle y ser buenos enviados de Cristo al mundo para que seamos testigos de la verdad, para abatir a la mentira y al mal. Nos ha dado la palabra para dar aliento y ánimo al abatido, para ser transmisores de la palabra, es el Señor el que lo hace, es un milagro patente que el Señor nos da la fuerza, la fuerza de una Palabra que es viva y eficaz. Una Palabra que es capaz de transformar nuestras vidas y darnos “un corazón de carne” abierto al amor y a la entrega al modelo de Jesús, quien nos dio todo a cambio de nada.
Como dice Isaías el Señor nos ha abierto el oído para que reconozcamos su voz, para que no nos resistamos y nos echemos atrás, nos ha dado la fuerza y la valentía.
El Señor ha seguido adelante en la misión que el Padre le ha encomendado, y a Él al igual que a nosotros nos insultan, nos persiguen y nos calumnian. Podemos seguir adelante en el camino de la evangelización, no importan los ultrajes, ni la persecución, porque no podrán contra nosotros, estamos junto al Señor, y el es nuestro alcázar y nuestro refugio.
En el aparente fracaso está la victoria, después del dolor, del sufrimiento, de la injusticia, de lo absurdo, aparece la victoria, porque sabemos que el Señor nunca nos dejará, Él no nos abandonará, el coraje se nos dará como añadidura junto con la dificultad de la misión encomendada por el Señor.
Cristo a pesar de ser Dios, se quiso hacer uno de nosotros, se rebajó de su condición divina, y lo hizo pasando por uno de nosotros, y no quiso privilegios, ni pertenecer a una casta especial, quiso ser uno más, y además quiso estar con los más pobres, con los más desfavorecidos, con aquellos que nadie quiere, nos dio una gran lección de amor y de solidaridad con todo el género humano. También nos pide a todos nosotros que acojamos a los más desprotegidos, a los que nadie quiere; a los no nacidos por comodidad y capricho de unos padres que no quieren problemas, a los ancianos que estén solos, a los huérfanos, a las personas con problemas y dificultades, a los enfermos.
Ese es el amor de Cristo, ese es el amor verdadero, pero ahora bien, no penséis que os responderán con amor todo lo que hagáis por los demás, porque del amor y la entrega, muchas veces os devolverán mal, un mal en forma de envidia, de calumnia, de injusticia, de insulto, de incomprensión, de persecución, e incluso de muerte como le ocurrió a nuestro Señor, y nosotros que somos sus discípulos no podemos ser menos que el Maestro, seguir a Cristo, significa estar dispuesto a abrazarse a la cruz.
Cristo se rebajó de su rango, y lo hizo por amor, lo hizo con el corazón y obedeciendo al Padre, no lo hizo con la cabeza, porque si lo hubiera hecho con el sentido común no habría ido a Jerusalén, ¿qué no sabía lo que le esperaba tras su entrada triunfal? Por supuesto que sabía lo que le ocurriría, pero quiso que se cumpliera la voluntad del Padre.
También nosotros tenemos que aceptar los retos que el Señor nos pone en nuestra vida, tener paciencia para que se cumplan los tiempos de Dios, para abrazarnos a la cruz, para tener la firme esperanza de que después de la cruz y el dolor viene la resurrección y la vida.
Escuchar y contemplar la pasión de Jesús es vivir, recordar y actualizar el gran amor que el Señor nos tiene a todos nosotros, porque somos hijos queridos y amados de Dios, que cuando el Señor pase por nuestras vidas podamos afirmar con alegría y con cantos ¡Bendito el que viene en el Nombre del Señor!
Javier Abad Chismol.


jueves, 11 de abril de 2019

VIERNES DE DOLORES, VIRGEN DOLOROSA


ACOMPAÑAR A MARÍA

Eucaristía a las 20:00 horas y a continuación Procesión
12 de abril de 2019



     María fue concebida sin mancha, sin pecado, María nace llena de gracia y de santidad, y hoy viene a nuestras vidas, a visitarnos, para que de la misma manera que ella fue la puerta de entrada para el Hijo de Dios, también nosotros descubramos a su Hijo.
     Muchas son las cualidades que podríamos destacar de nuestra madre, ella que era pobre, sencilla, fue la escogida de Dios, Él tiene preferencia por los pobres, por la gente que no tiene importancia ante los ojos del mundo, para saber cómo es nuestro Padre tenemos que mirar a María, cuando la contemplamos en la oración y el recogimiento descubrimos como nos quiere Dios.
     Se nos entremezclan varias ideas, por un lado María como primicia del amor de Dios al mundo, y por el otro el sufrimiento, el dolor de nuestra Madre ¿cómo pudo ella sufrir el dolor a los pies de la cruz? ¿Cómo pudo soportar lo que hacían a Jesús? Son tantas las preguntas que podríamos hacernos. Aprendamos a contemplar el misterio de María, aprendamos de ella.
    Hagamos un esfuerzo por parecernos cada día un poco más a María, ella que es la reina de la paz, ella que no lo preguntaba todo, ella que aceptaba la voluntad de Dios en su vida.
     Nos cuesta mirar a Jesús, muchas veces no lo entendemos, no entendemos a María, hemos perdido incluso el significado de su iconografía y la representación de sus figuras. Nos hemos acostumbrado al sufrimiento de María, al dolor de sus entrañas. Si la miramos con el corazón sincero y abierto nos daremos cuenta de que tenemos mucho que aprender.
     Respetar los tiempos de Dios, aceptar los planes de Dios en nuestras vidas es fundamental para poder ser felices, para poder llegar a la plenitud de la vida, para encontrar el verdadero sentido a nuestra existencia hay que aprender a mirar el dolor de María, su sufrimiento callado y obediente, cuantas veces nos quejamos de todo ante la Virgen o ante Nuestro Señor Jesucristo, os invito ha hacer una reflexión, que miréis fijamente a la Virgen dolorosa, a la Virgen sufriente, y como ella sabía vivir el absurdo del dolor, ella aceptaba porque tenía fe.
     Sí, María es la madre de la fe de todos los creyentes, de todos nosotros que nos reunimos habitualmente en el nombre del Señor y en memoria de nuestra Madre, la que nos acoge y nos quiere.
     Contemplemos a María ante la cruz, miremos también cada uno de nosotros la cruz de Cristo, vemos un hombre sufriente, castigado, insultado, humillado, y resulta “que es el Hijo de Dios”. ¿Qué tipo de Dios puede dejar asesinar así a su Hijo ante la mirada de María, su Madre?
     Ese es el gran misterio de la cruz, del amor, de la entrega y del sacrificio. Él es el verdadero cordero que nos libra a todos de la muerte porque carga con todos nuestros pecados. Ella lloraba mientras su Hijo estaba colgado en la cruz, como si fuera un malhechor, un delincuente, ¿Dónde estaba su delito? Su culpa había sido obedecer al Padre antes que a los hombres.
     Cristo murió por hacer la voluntad del Padre, y lo hizo ante los ojos misericordiosos y llorosos de su madre, unas lágrimas que son las que caen del cielo cada vez que los hombres y mujeres nos alejamos de Dios, y lo hacemos por temor, ¡Cuanto nos cuesta decir que somos creyentes! Hay que ser valientes luchadores del Evangelio, presumir de nuestro ser cristiano en el mundo de hoy.
     Sí, ser creyentes como María, dispuestos como ella a no abandonar nunca a su Hijo, ¿de que grupo queremos ser, de los que acompañaron a Jesús a la cruz, o de los que salieron corriendo? Os lo repito, ser valientes, mirar el dolor de María, no fue inútil, ella ayuda a todos los cristianos del mundo a seguir a Jesús, él que es el camino, la verdad y la vida.
     María lloraba, traspasada por la injusticia de los hombres, testigo de una muerte no merecida, Jesús, el Príncipe de la Paz, moría de una manera violenta, ¡Qué gran contradicción! De eco podemos escuchar las palabras de Jesús; “Yo, no he venido a traer la paz al mundo, sino la disputa”. Ser cristiano es ser un luchador por lo auténtico, por la verdad. Nuestro mundo quiere muchas veces que vivamos en una mentira, porque la verdad molesta e incomoda, y como molesta hay que eliminarla.
     ¿Cuantas veces crucificaríamos a Cristo? ¿Cuantas veces veríamos a María llorar desconsolada ante su Hijo? Por desgracia, lo volveríamos hacer, es más, lo hacemos muchas veces, cuando negamos nuestra condición de cristianos, cuando para no tener problemas nos callamos, cuando hacemos una religión a la carta y eliminamos lo que nos incomoda.
      Hay que hacer una llamada a la valentía de María, nuestra madre, Madre de la Iglesia, ella es la puerta por la que entramos todos, tenemos que tener suficiente fe para creer esto de verdad, para mirarla a ella ¡Bendita tú entre las mujeres! Ella la Madre piadosa, que vio morir a su Hijo por los pecados del mundo, vio morir al hijo amado ¡Qué dulce fuente de amor! Hoy nos unimos a nuestra madre en ese profundo dolor.
     Hoy pedimos a María amar de la misma manera que lo hizo ella, es decir, sin condiciones, de una manera gratuita, porque ese es el verdadero amor, aquel que no pide explicaciones porque es capaz de aguantarlo todo porque su fe es tan grande, que lo tolera todo con suma confianza y con paz.
     Cristo cargo con nuestras culpas, y María la acompaño hasta el calvario, hoy lloramos con María, hoy queremos también nosotros acompañar a Jesús, hoy queremos seguirle. Hoy contemplamos la cruz, y nos ponemos ante sus pies, como tu María.
     En la actitud de María cobra sentido el verdadero amor, un amor que es generoso y entregado, que se entrega siempre, que espera siempre, que llora en silencio. Madre de Dios, se tú la imagen conductora en las actitudes de la vida, hoy te pedimos que nos enseñes a permanecer  contigo junto a las infinitas cruces donde todavía sigue siendo crucificado tu Hijo.
     Ayúdanos a atestiguar el amor cristiano, hoy queremos vivir al ejemplo de tu Hijo, hoy queremos subir a la cruz, hoy descubriremos el amor y la paz que el mundo no entiende; ¿Porque no se evitó el sufrimiento? ¿Porque no bajo de la cruz? ¿Porque quiso morir solo delante de los hombres?
     Hoy en nosotros el sufrimiento, la paciencia, y el amor nos lleva a ser hombre  nuevos, esa es la propuesta que el Señor nos hace, para que nuestro cristianismo no sea mediocre, sino coherente y comprometido con nuestra sociedad, con nuestro mundo. Hoy tenemos que acompañar a nuestros amigos, familiares, vecinos, a la fe, hoy cada uno de los que estamos aquí somos los verdaderos transmisores de la fe, del amor de Dios.
     Que María nos de la valentía de estar con Cristo en la soledad, la incomprensión y el sufrimiento, todo por un amor que los supera todo.
     María, virgen madre de Dios, bendita y digna de toda alabanza, hoy te celebramos en el día de tu nacimiento, que eres la nueva Eva, que en la Iglesia se abre la puerta de nuestra salvación, en ti confiamos y a ti nos acogemos en este valle de lágrimas del dolor pero de esperanza, María madre de Dios, Ruega por nosotros.

Javier Abad Chismol

martes, 2 de abril de 2019

V SEMANA DE CUARESMA C- 2019

MIRAD VOY HACER ALGO NUEVO



Llegan las palabras de esperanza a un pueblo que está “sordo” y “ciego”, que está hundido ante el fracaso de la negación de Dios, de estar preso del pecado, de la infidelidad, es el destierro que no nos deja estar con Dios, tenemos  que morir al hombre viejo para que así brote algo nuevo en nosotros, en nuestras vidas, es la transformación del pecado a la gracia, de la muerte a la vida.

El pueblo tiene que ser de nuevo salvado, al igual que nosotros necesitamos y precisamos del amor de Dios, cada año vivimos la cuaresma, la sensación necesaria de volver nuestro rostro a Dios, porque estamos como cegados por nuestro egoísmo y necesitamos ese reencuentro, que el Señor nos vuelva a salvar del pecado.

De esa experiencia viene a cada uno de nosotros el verdadera conocimiento y práctica de nuestra fe, es decir, que para nosotros lo más importante es Cristo, para nosotros es vital y fundamental el Señor, es más, san Pablo llega a comparar la ausencia de Dios, la preferencia con las cosas del mundo con el estiércol. Que no dejemos a Dios lo secundario, que sepamos donde debe estar nuestra confianza, esa es la verdadera verdad, esa es nuestra vida y por lo tanto nuestra meta y nuestro fin.

De tal manera que anhelemos la misma muerte que el Señor, porque busco de todo corazón la resurrección, debo morir a las cosas del mundo para así tener la vida que permanece, y es la salvación. Corremos hacia la meta, pero ahora ya sabemos lo que queremos y lo que buscamos.

De nuevo los judíos ponen a prueba a Jesús, quieren pillarlo con sus propias palabras, quieren que su lengua, sus palabras, sean su verdugo, quieren que se rebele contra la ley de Moisés y de esta manera tener motivo para condenarlo como blasfemo, como enemigo de Dios.

Le ponen una mujer delante de ellos, una mujer que había cometido adulterio, y la ley dice que tenía que morir apedreada, le preguntaron a Jesús que hacían. De nuevo las palabras de Jesús les desconcertado, “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra” y poco a poco se fueron todos retirando, Jesús le dijo, ya no están tus acusadores, por lo tanto ya puedes irte;” veté y no peques más”.

Así nosotros experimentamos que  el Señor nos perdona de la infidelidad y de la acusación a nuestros hermanos, es que en definitiva brote algo nuevo en nosotros.

Javier Abad Chismol